Estoy bastante triste. No sé si debería estarlo, pero lo estoy. Ayer  tuvimos la primer "pelea" con Auténtico, que no fue una auténtica pelea, sino más bien un brote de escenas ridículas por motivos ridículos. Seré breve a la hora de relatarlo.

La salida comenzó mal. Pasó a buscarme mucho después de lo que esperaba, por lo cual yo me encontraba, al menos, ofendida. Compramos comida y fuimos a la casa, nos tiramos en el sillón y prendió la tele mientras cenábamos.  Todo ese tiempo, desde que llegó a mi casa, hasta que llegamos a la suya, estuvo pelotudeando con su nuevo iPhone, a cada rato le llegaban notificaciones de Facebook al maldito aparato, notificaciones que miraba sin reparo. Y yo sentada, en el sillón, comiendo mis papas fritas, pensando que carajo hacía con un flaco que está priorizando, en el momento que tiene una mujer al lado, aparatos y tecnología que TRANQUILAMENTE PODÍA EXPLORAR CUANDO ESTUVIESE SOLO.

Me atacó, entonces, un enmudecimiento, que fue transformándose en una leve tristeza, que fue convirtiéndose en una profunda angustia.  Y de repente sentí ese agujero en el pecho que se me hace tan familiar, ese agujero que da ganas de pararse e irse, sin reparar en lo histérica que pueda llegar a quedar. Irse simplemente a casa, a tirarse en la cama y fumar mientras se llora sabiendo que las cosas no volverán a ser lo mismo. Y previendo ese horrible momento, me anticipé y le dije, simplemente, que no era lo que quería, que no esperaba que nuestra relación fuese "juntarnos a mirar tele" (lo escribo y sigo pensando que una relación así no solo es deplorable, sino también que está muy lejos de lo que busco), que odiaba su nuevo celular (está bien, acá fui y sigo siendo bastante pelotuda, pero realmente era una invasión). Como Auténtico es conciliador, y por eso lo queremos, dijo las palabras adecuadas para quedar bien, para quitarle dramatismo a mis sentimientos, y finalmente, me dijo que hoy íbamos a tener una cita para contrarrestar el estar pasando tanto tiempo en su casa sin hacer nada. Mi angustia persistió un rato, pero después de unos minutos estaba riéndome nuevamente y teniendo sexo, conectada, profunda, plenamente.

¿Me siguen hasta acá? Bueno. Porque ahora viene el momento de la ridícula escena, esa escena que he criticado tantas veces en mis columnas, esa escena que recordamos superadas cuando estamos solteras pero que no podemos evitar hacer cuando estamos en pareja. ¿Que fue lo que pasó? Que el señor, nuestro querido Auténtico, agarró el celular en el momento donde se suponía debíamos estar abrazados, todavía regocijándonos en nuestros orgasmos.. ¡¡Y SE PUSO A PELOTUDEAR!! IMAGINENSE MI CARA. Por favor, IMAGINENSELA. Loca, me puse, es poco. Mi venganza, y acá no puedo evitar reírme a recordarlo, fue hurgarle el ombligo, sabiendo cuánto lo impresiona. A lo que él, simplemente, ¡¡se ofendió!! NO LO PODIA CREER, me acuerdo y NO LO PUEDO CREER. Pero lo peor es lo siguiente: el momento en el cuál se desató mi histeria al máximo, el momento en el qué sentí una tensión máxima, que créanme que existió, y simplemente, ¡ME VESTI Y ME FUI! Yo no lo puedo creer, me acuerdo y no lo puedo creer, mientras lo hacía no lo podía creer.  No puedo dejar de pensar lo excesivamente pelotuda que fue esa escena de histeria y neurosis desatada, simplemente, por un maldito celular. Entiendo que mi reacción fue innecesaria y desmedida, pero entiendo también que si tu novia está en tu casa no podés estar pelotudeando en Facebook con el celular, no podés estar tirado mirando películas de hombre, no podés estar haciendo absolutamente NADA de lo que vos, Auténtico, estás haciendo. Al menos no conmigo.  Conmigo, las dos veces por semana que me veas, tenés que tener puesta toda la energía en mí, solamente, por esas veinte horas semanales que me dedicás. Creo no estar excedida en exigencias.

De todas formas, luego de irme y llamar el ascensor, tuve que volver y tocar el timbre, porque me había olvidado el celular (¿consciente o inconscientemente?) y no podía llamarme un taxi. Claro está, que así como entré a su casa me desnudé y me acosté con Auténtico nuevamente, y dormimos abrazados después de conectarnos nuevamente.

Lo que ahora me tiene triste es lo siguiente: he cruzado la barrera, esa temible barrera que indica que nunca más seremos esa pareja del comienzo, donde todo es risas, consideraciones y educación. Mas bien, hemos abierto una puerta que puede llevarnos directo a una serie de escenas, peleas, reclamos, y demases condimentos tóxicos, que solamente terminan con el fin de la pareja.

En fin. Ese es el motivo de mi tristeza. Les dije, ¿no es ridículo?.-


En la madrugada de anoche no me soporté. No es la primera vez que no me soporto, lo admito. Tampoco es la primera vez que no me soporto por este motivo. Y el motivo es, simplemente, lo asquerosamente cursi y sensiblera que me pongo después de la enterrada de pinocho. Digamos, lo PELOTUDA que me pongo.

Analicemos. Te encontrás con tu novio, chongo, amante, filito, pinocho. En su casa, en la tuya, en el telo amigo, en cuántos otros lugares. Se revuelcan, como tiene que pasar, durante algunos minutos o algunas horas, y con un poco de suerte, y el entrenamiento adecuado, ambos llegan al exquisito orgasmo. Terminan, y si terminan los dos, enredados entre las sábanas, con la piel brillosa de sudor y los cachetes sonrojados, se fuman un cigarrillo, o simplemente se abrazan, o tal vez ni se toquen, pero se miran profundamente a los ojos.. y ahí te pasa. ESE ES EL MOMENTO. El terrible momento donde tus neuronas y tus hormonas colapsan, tal vez movilizadas por un exceso de endorfina en sangre, y te sentís profundamente..

ENAMORADA.
CONFUNDIDA.
EMOCIONADA.
TE QUERÉS MUDAR CON ÉL.
TE QUERÉS CASAR CON ÉL.
QUERÉS TENER HIJOS CON ÉL.
QUERÉS DECIRLE QUE LO QUERÉS, LO AMAS, QUE SOS SUYA.
.. y demás barrabasadas.

El problema es que, la mayoría de las veces, una vez que abriste la boca para decirle que lo amás profundamente, no hay vuelta atrás. Porque si el chongo es nuevo, o escapa al compromiso, va a sentirse absolutamente presionado, incómodo, y seguramente huya. También, lo más probable, es que cuando recobres el sentido de la realidad, y recuerdes el episodio, te arrepientas profundamente, sobretodo porque tu chongo no te dijo "yo también", sino que se puso incómodo y cambió de tema rotundamente.

En fin. Anoche, de madrugada, luego de una sesión de enterrada muy intensa, no pude con mi genio, no controlé mi ataque de amor desmedido, y me mandé una gran, GRAN cagada. Le dije a Auténtico que creía estar enamorándome de él (algo que todos ya sabemos). Aclaro: no confundir AMAR con ESTAR ENAMORADA. Abordaremos este tema en otra oportunidad. El problema fue que,  tiempo después, le pregunté por que no se enamoraba de mí, a lo que respondió que tenía una concepción muy distinta de lo que es "el amor", mucho menos inocente, menos utópica y menos ilusa que la mía. Si bien lo entendí, y comprendí mi error, no pude menos que sentirme enteramente incómoda por la situación, no por que esperase un "yo también", sino porque esperaba poder controlar, al menos un poco, mis desmedidos ataques de amor y locura.

Bien. A Auténtico le aclaré, entonces, que esos ataques me agarran, en esos momentos, y que me costaba controlarlos. Me entendió, espero.

No confundan: creo profundamente que uno tiene que ser quién es y ser fiel a lo que siente.. pero también creo que, quienes sentimos desmedidamente, tenemos que aprender a medir.

No los sentimientos, claro está, sino LAS PALABRAS.-


Díganme, por favor. Díganme por qué los hombres vienen cada vez mas PELOTUDOS. Este pelotudos, no confundan, viene no cargado de resentimiento, si no de una leve ternura a la hora de entender que no lo hacen por maldad, sino que lo hacen, simplemente, porque NO LES DA.

Pensé que la que estaba errada era yo. Que estaba pasándome de loca, histérica o neurótica. Pero hablándolo con otras mujeres que atraviesan la misma situación, me doy cuenta que el error no recae en mi condición de histérica, sino mas bien en la imposibilidad de acordar con ellos, que son un poco más básicos y menos pensantes.

A Auténtico lo vi el lunes. Bien sabemos que por ser trabajadora de fin de semana, me es imposible verlo sábado o domingo. También sabemos que tengo amplia disponibilidad de domingo a jueves. Lo que no sé si sabemos es que acá el que siempre anda complicado es el señor, no por cuestiones laborales o académicas, sino porque siempre está cargado de compromisos con familiares, amigos, compañeros de Paintball, compromisos en los cuales, sabemos, no estoy incluida. Decíamos, entonces, que nos vimos el lunes. Pasó el martes sin penas ni glorias, pasó el miércoles con un poco de añoranza y, llegando el jueves, asumí que era el día de vernos nuevamente. Fue ingrata mi sorpresa al enterarme, por medio de un mail, que el aparato este se iba a correr en karting con los amigos y después al cine. Ya sé, no es terrible, no se va de putas ni a bailar a Esperanto. Pero soy una novia que le deja todo el espacio del fin de semana. Tiene todo el viernes, todo el sábado, todo el domingo, incluidas las noches enteras, para realizar todas sus extravagancias de niño grande. Lo que pretendo yo es, entonces, que me dedique DOS noches a la semana. Díganme, ¡¿ESTOY PIDIENDO MUCHO?!

Mi primer reacción fue, obviamente, un nudo en el pecho de sentimientos encontrados. Por un lado, sé que a tan poco tiempo de conocernos (y tampoco a mucho tiempo) quiero convertirme en una mujer que haga reclamos, sobretodo estos reclamos pelotudos. Pero también sé que no quiero quedar relegada a un segundo, tercer, y hasta cuarto plano en la vida del otro. El problema acá, no es que el otro esté haciendo las cosas con maldad, con frialdad, con egoísmo. El problema real es que NO SE DA CUENTA, que NO LE DA, y que algo que para nosotras, las chongas, es tan obvio, a ellos hay que hacérselo notar con ¿pasacalles? ¿carteles? ¿fuegos artificiales? ¿escenas ridículas?.

Me enojé un poco, pero medidamente. Le respondí el mail diciéndole que estaba "un poquito enojada", y que cuando pueda me llame y lo hablábamos bien. Y entonces, me llamó.

Obviamente, y como era de esperar, lo arregló bien. Es por eso que a Auténtico lo queremos, y que mas allá de lo NABO que es la mayor parte de las veces, siempre termina dejando conforme a todos, incluyéndome a mí. Que, seamos honestos, no es poco. Y me arregló en un hueco mañana viernes, a la noche, antes de mi trabajo, donde probablemente conozca al primo que viene de México, donde relegue cenar con su familiar recién arribado por estar conmigo. Y todos contentos, sí.  Lo que no puedo dejar de preguntarme es si era necesario generar el conflicto para pensar la solución. El por qué, a los hombres, no les nace cuidar a sus mujeres, apaciguar la histeria.. asumen, de alguna forma, que seremos incondicionales, que todo estará bien, que seremos siempre medidas, diplomáticas y conciliadoras. Lo que no terminan de entender es que, muy lejos de todo eso, siempre tendremos el reclamo en la punta de la lengua, la histeria clavada en la piel, y el capricho en la cabeza.

Confieso, entonces, que nosotras SOMOS. Pregunto, así., si ellos ¿SON O SE HACEN?.-


Este fin de semana trabajé, con muchísimas ganas. Y el sábado fue que observé una situación de lo más extraña.

Viene una chica a la barra y compra, con cambio, una lata de cerveza. Se la entrego, me dice gracias, y se queda mirándome para, un instante después, decirme que le encanta mi corte de pelo. Es cierto, me miraba mucho, y me ponía un poco incómoda. Frente a mi posición de ignore, se corre de donde estaba, para posicionarse sola en una punta de la barra, aún cerca mío. Admito, sin pecar de engreída, que no es la primera vez desde que estoy en el Roxy, que chicas de los más variados perfiles me dicen cosas lindas, se quedan mirándome, o tratan abiertamente de levantarme.

Estaba entonces esta chica en la punta, sola, y a cada minuto se acercaban flacos con diferentes graduaciones de alcohol en sangre. Algunos me llamaban y me decían "mi amiga dice que sos muy linda", a lo cual yo respondía con una sonrisa, un "gracias", y aclaraba que tenía novio. La chica en cuestión desmentía lo que decían los nabos que se le acercaban, y aclaraba que también tenía novio, pero que no tenía nada que ver con que yo le pareciese linda.

Bien. Por un minuto dejaremos en suspenso esta escena extraña, para trasladarnos a una situación paralela, que fue la aparición de Etiqueta Roja. ¿Se acuerdan? Nunca más supimos más nada de él. Esta noche de sábado, entonces, se presentó en la barra, nos saludamos con un beso en la mejilla y montones de ¿cómo estás? ¿todo bien? ¿vos bien entonces?, y tal.  "Me dejaste abandonado", me dijo luego de un prolongado e incómodo silencio, "nunca más supe nada de vos". A ver. Seamos claros. No puedo enojarme por este reclamo. La verdad es que Etiqueta Roja, si bien me pareció un divino, no me enganchó en lo más mínimo, debido en gran medida por lo ligada que me sentía a Auténtico. Pero imaginemos por un segundo que me hubiese gustado, y que hubiese estado días, semanas tal vez, esperando un mensaje suyo, un llamado, ALGO. Me imagino ansiosa, quemándole la cabeza a mis amigos, compañeros de trabajo, lectores, durante todo ese tiempo, acerca de qué había hecho mal, si la cita había sido tan exitosa. Finalmente, me hubiese rendido, pensando que tal vez ese éxito fue fruto de mi imaginación, y hubiese seguido mi vida como si nada. Mientras tanto, imagino al señor mirando a cada rato la pantalla de sus tres (sí, TRES) celulares, a la espera de un pitido y las mágicas palabras "Tiene 1 (un) mensaje nuevo". Me planteo entonces lo siguiente: si se quedó esperando un nuevo contacto, ¿por qué no lo generó él? Evidentemente, hemos mal acostumbrado mucho a los hombres con nuestra toma de iniciativa. Somos las que mandan el primer mensaje, las que proponen la primer salida, las que dan el primer beso, las que sugieren ponerse de novios. Y todo parece salir bien. Pero recuerdo, así mismo, cuantas veces oí de mi boca o de bocas ajenas, historias de citas perfectas, donde las mujeres quedaron prendidas de un hombre esperando el próximo llamado.. llamado que nunca llegaría. ¿Por qué? Probablemente, por que el señorito.. ¡también lo estaba esperando! Esto no me deja sino la siguiente conclusión. Chicas Y chicos: no se queden esperando nada, ACCIONEN. Lo más probable es que el otro esté como un pelotudo esperando nuestro accionar. No se pierdan en el orgullo y cedan.

Ahora, volvamos al sábado. A Etiqueta Roja no pude más que decirle la verdad acerca del viaje de Auténtico en nuestra cita, de mi reciente noviazgo, a modo de justificación innecesaria por mi falta de contacto posterior, no sin darme cuenta de lo ridículo que era todo eso, y lo poco creíble que resultaba mi historia. "Me puse de novia, por eso no te llamé mas". Ustedes bien saben la veracidad de mi relato, pero para Etiqueta Roja habrá sonado como una excusa barata. ¡Pobre! Era divino. Y divino como era lo veo, minutos más tarde, hablando animadamente con la chica que pensaba que yo era muy linda. ¡Já! Pero no queda ahí.

Desde la otra punta de la barra, me llama un chico. Me acerco, y me dice "¿ves esa chica que está ahí? Es mi novia. Mandale esto". Y me da un sorbete hecho un nudo. Se lo llevo, y la chica dice "¡lo mandó mi novio!"· Que extraño, pensé.

La noche siguió su rumbo. De reojo miraba como Etiqueta Roja y la chica hablaban cada vez mas juntos, cada vez mas animadamente. Era evidente como coqueteaban, como se estaban seduciendo, conquistando. Y era evidente para mí, también, como el novio estaba cada vez más cerca de ellos, observando todo. Pero lo más evidente fue cuando, casi al final de la noche, la chica y Etiqueta Roja se chaparon para, finalmente, irse los tres, muy juntos, imaginemos todos a hacer qué, vayamos a saber dónde.

Todo esto me resulto tan extraño.. una pareja saliendo a bailar, a levantar a un desconocido, observando al otro como es abordado por este extraño. Marcando mediante un lenguaje de sorbetes cuál es el indicado. Sabía que todo esto pasaba, pero nunca lo había visto tan de cerca, tan claramente.  Y pienso entonces, lo clásica que soy. Lo lejos que estoy de entregarme a ciertos juegos, cada vez más comunes, donde las parejas ya no son pares, sino raros conjuntos de personas, donde los vínculos se modifican, se invierten, incorporan nuevas personas. 

Lo siento, pero no puedo adherir a eso. Seré siempre una romántica que busque un par, para ser dos, que caminen juntos uno al lado del otro.-


Son las cuatro de la mañana y no puedo parar de hacer cosas. Mi mente y mi cuerpo están revolucionados: en apenas unas horas se casa una de las mejores y mas grandiosas amigas que tengo la suerte de tener, Minnie, con el amor de su vida hace siete años, Mojojojo. Pasamos una noche de chicas, hermosa noche, armando souvenires, tomando mate, pintándonos las uñas y haciendo las veces de peluqueras. Estuve a punto de llorar en varias oportunidades, el alma se me lleno de emociones y los ojos de lágrimas. Fue entonces, entre canciones de amor y anécdotas de su noviazgo, que hablamos y reflexioné acerca del DESTINO.
Hay quienes creen en el destino y quienes no. Respeto ambos bandos. Pero me considero una persona que fielmente cree que "las cosas no pasan por que sí". Leí también, hace tiempo ya, que cuando uno desea profundamente algo, todo el universo conspira para que eso pase. Minnie me contó acerca del encuentro con su amado, su mamá también relató su historia de amor,  y no pude evitar pensar en mis repetidos encuentros y desencuentros.
Reitero, entonces, que nada pasa por que sí. En los momentos donde nos encontramos, y también en los que nos perdemos, hay invisibles hilos que digitan nuestra existencia, siempre movilizados por razones sagradas que la mayoría de las veces desconocemos. Pero, tarde o temprano, recordamos esos acontecimientos pensando "me pasó por que..".
Lo traslado, entonces, a mi reciente encuentro con Auténtico. Auténtico aparece en mi vida en el momento en que estaba lista para recibirlo. No es casual que, un día y de la nada, me haya borrado de mi trabajo en el banco para, al fin de semana siguiente, comenzar a trabajar en un boliche, cargada de sonrisas y de nuevos aires. En ese momento donde me encontré a gusto conmigo misma después de meses enteros de tristezas, y en mi primer sábado laboral, me encontraba fumando al costado de la barra cuando él atravesó la pista entera dirigiéndose a paso firme hacia mí, entablamos una conversación, me pidió mi teléfono, se lo di, y minutos después me mandó mensajes, muchos mensajes, para convertirlo en rutina en nuestra relación. Tampoco es casual que, en el momento que decido enderezar aspectos torcidos de mi carácter, Auténtico tenga como virtud ser completamente opuesto en cuanto a mis aspectos fallidos: yo soy absorbente, él respeta tiempos y espacios; yo soy despistada, él es precavido; yo soy ansiosa, él es parsimonioso; yo soy colgada, él apoya mi evolución.
Refuerzo, así, lo que siempre sostuve en la vida: las personas pueden quererse, amarse u odiarse, pero sobretodo, se SIRVEN. Y cuando eso que puede darme el otro ya no lo necesito, no hay amor ni odio que pueda conservar un vínculo.
Deseo profundamente que Auténtico me sirva, como yo a él, durante mucho tiempo. Que podamos CONSTRUIR juntos, proyectar, y sobre todas las cosas, CRECER el uno junto al  otro. Lo mismo deseo, de más está decir, para mis adorados Minnie y Mojojojo.
Brindo por los novios, y por la vida cargada de dicha y felicidad que les espera JUNTOS.-


La ciudad bañaba el cuarto de luz cálida. Entraba por la ventana, por la persiana entreabierta, y se fundía con la anaranjada tela de las sábanas, donde reposaban dos cuerpos desnudos. Él la miraba a los ojos. Ella tomó aire y lo dijo.
- Quiero que seas mi novio.
Una sonrisa amplia, coronada por un par de hoyuelos, invadió la cara de él, al tiempo que respondía "está bien".
- No - dijo ella - tenés que preguntarme si quiero ser tu novia.
- ¿Querés ser mi novia, Zahira?
- Sí, quiero ser tu novia.
Él le dijo que un título no hacía la diferencia. Que ya la trataba como si fuese la novia. Esa noche durmieron cómodos, de a ratos enredados, de a ratos separados. De madrugada, ella descubrió las pecas en la espalda de él. De mañana, él le llevó cereales con leche a la cama. Las cosas no habían cambiado, pero ella se sintió aliviada, más aún en la mañana, cuando se despidieron, y escuchó "chau, novia mía".

Perdonen la cursilería romántica y rosada, pero extrañaba mucho escribir una cosa así. La verdad es que las cosas pasaron realmente de esa forma, pero podría haberlo contado de diferente manera. Por ejemplo:

Estaba harta. La verdad que, todo bien con Auténtico, pero necesitaba un título. Esto de no ser la minita ni ser la novia ni ser la chonga me tenía podrida. Entonces lo apuré. Sé que los manuales de la mujer perfecta dicen que esas cosas no se hacen, pero yo, perfecta no soy. Entonces se lo dije, en el momento que me pareció oportuno. Le dije que quería que sea mi novio. ¿Y saben que me dijo el aparato este? Que sí, que estaba bien. A ver. Chicos. ¿Donde dejaron la viveza que les indica en que momento ser rudos, en cuál románticos, en cuál relajados? Acá estaba poniendo en la mesa mis ganas de formalizar una relación. ¿Y vos me decías nada más que "está bien"? Ya sé que la preguntita es un poco infantil, pero a toda mujer que creció entre novelas románticas y cuentos de hadas le sigue pareciendo un ítem obligatorio en el intercambio mujer-hombre. Entonces, nuevamente, le indiqué que me hiciese la pregunta. Y me la hizo, claro. Y así "formalizamos". Dos minutos después, estaba enroscada durmiendo con él, y no pude evitar preguntarme qué había cambiado. Más bien, si ese nuevo título había cambiado algo. No me sentí con mas derechos, no me sentí con mas obligaciones, no me sentía más enganchada ni más podrida. Pero sí me di cuenta que algo en mí había cambiado. Algo relacionado con el lugar en el que me situaba. Sentí un gran alivio. Algo así como decir "ya está", y de repente olvidé todas mis inseguridades, mis miedos, mis cautelas. Me relajé, digamos. Y relajada como me sentía, a la mañana siguiente, guardé nuevamente el cepillo en mi cartera. Ese que había dejado en su casa la semana anterior. No necesité dejar mi huella en su vida porque, de alguna forma, sentí que ya la estaba dejando.
¿Se acuerdan del grupo que creé meses atrás, buscando un chongo? Que extraño es el mundo. No solo conseguí chongo sino que, además, conseguí novio.-


Llegué, entonces, a la tan temida y, para mí, desconocida etapa en la que me encuentro. Esa que, a causa de la forma ansiosa en que encaré mis anteriores relaciones, nunca me tocó atravesar. Pero hoy, un diez por ciento por mí, y un noventa por el otro, me encuentro acá. Se preguntaran, ¿donde es acá? Bueno, acá es en el medio. Sí. EN EL MEDIO.

Se preguntarán también en el medio de donde. Respondo, entonces, en el medio de ser minita y ser novia. Porque hace rato que dejé de ser minita con Auténtico, como hace rato que Auténtico dejó de ser "un flaco". Mi gente sabe quién es. Tal vez no todos sepan su nombre, pero todos conocen la historia, y todos, en algún momento de las charlas de msn o de los mates me preguntan "¿y con Auténtico como andan?". Nos vemos dos o tres veces por semana. Dormimos juntos, ya no tratando de encontrar la forma, sino encastrando perfectamente un cuerpo con el otro. Conocemos los nombres y las historias de nuestros amigos, de nuestros hermanos y de nuestros sobrinos.  Nos decimos sin cautela que nos extrañamos o que queremos vernos. Todas esas cosas, que con una minita o con un flaco no pasan.

Pero faltan otras cosas. Cosas que nos alejan de ser novios pero nos acercan a ser equis. Todavía hay ciertos manejos cuidadosos que tenemos. Nada de "te quiero". Nada de reclamos ni de exigencias. No compartimos familias ni amigos, más que anecdóticamente. Y sobre todo, no tenemos el título que amerita a que todo eso que todavía da miedo deje de darlo. Sin embargo, esta mañana, y a modo de señal, dejé mi cepillo de dientes en su casa. Accidentalmente, claro. Para ver que pasa. Si se asusta, si lo toma naturalmente, si me lo devuelve o se hace el desentendido. Y esperando, como cualquier chonga que se sienta enganchada, la tan ansiada pregunta, esa que se responde con una sonrisa, con un beso cariñoso y ojos vidriosos. Esa que luego, será comentada con amigas y compañeras de trabajo. Esa que abrirá las puertas a situarse en otro lugar, más relajado seguro, y siempre determinante.

Auténtico, ¿para cuándo el "querés ser mi novia"?.-